La versatilidad gastronómica contemporánea -producto de la evolución de la necesidad primaria del ser humano en alimentarse, de las relaciones interculturales y de combinar y fusionar ingredientes locales con los de otras latitudes- tiende a satisfacer las nuevas necesidades sociales del comensal, el cual es cada vez más exigente con respecto a elaboraciones con estilo, con calidad, con buen sabor y que, a la vez, sean accesibles económicamente.

Cocinar se ha convertido en un arte. Se crean y se comercializan platos utilizando los mejores ingredientes, las mejores técnicas y procesos que garanticen al comensal una experiencia única al momento de degustarlo. No hablamos solamente a nivel comercial, de un restaurante por ejemplo, sino también a nivel familiar. El responsable de elaborar los alimentos en nuestro hogar hace su mayor esfuerzo para que cada comida sea de calidad, bien presentada, con gustos y aromas que enamoran.

Consciente o inconscientemente se cocina para agradar al comensal. ¿Y Como se logra ese objetivo? ¿Cómo llegamos a convencer a un comensal o a un cliente para que consuma nuestra creación? La respuesta obvia es probando el platillo; para lo cual es necesario que el mismo llegue a activar los sentidos para que el cerebro perciba a través de la vista, del olfato, del tacto, del oído y el gusto esa sensación plena de placer al comer.

La inteligencia emocional -definida como la capacidad para escoger las mejores opciones en la búsqueda de una solución adaptada a los cambios registrados de las demandas ambientales o externas a cada persona- supone que cada individuo es inteligente o hábil para el manejo de los sentimientos.
Pero ¿qué tiene que ver la inteligencia emocional con lo gastronómico? Sencillamente mucho, porque dependiendo de las decisiones que tome el cocinero con respecto a un platillo, dependiendo de su estado de ánimo, de la selección y combinación coherente de los ingredientes obtiene un determinado producto final. Su creación artística llegará al comensal para que pueda percibirlo con todos sus sentidos vitales, a quien le generará nuevas sensaciones y una grata experiencia o no.

Cinco sentidos para disfrutar de la gastronomía

El rol que juega cada uno de los sentidos en la percepción de las sensaciones culinarias es importante a la hora de disfrutar de una comida. Es por ello que a continuación destacaremos el papel que desempeña cada sentido:

  • VISTA: prácticamente es el primer sentido que se activa que se activa. A través de éste podemos evaluar la presentación de los platos, como están integrados sus elementos, formas y colores. En otra palabras, identificamos el producto, si es apetecible o no, si era lo que esperábamos o no. Esto influye en nuestro grado de satisfacción, incluso antes de probar la comida.
  • OLFATO: seguidamente a través de este sentido podemos determinar los aromas, el olor de los ingredientes y condimentos. En muchas ocasiones el solo hecho de percibir los aromas desde lejos nos da una idea de lo que vamos a consumir, incluso te puede transportar a recuerdos pasados. También nos da el alerta sobre el estado de los alimentos o si están aptos para el consumo. Una de las principales funciones de este sentido es preparar los jugos gástricos que posibilitan la función de la digestión.
  • TACTO: a través del tacto podemos apreciar las texturas y temperaturas de los alimentos, lo que influye significativamente en su presentación y la decisión de consumirlo.
  • OÍDO: es el sentido que menos influye en el acto de comer. Básicamente nos permite identificar el sonido de ciertas texturas crujientes en la boca o al cortar algún alimento, lo cual nos puede dar una idea de su estado final.
  • GUSTO: es el más importante de los sentidos al momento de alimentarnos. Nos permite la percepción de gustos los primarios, tales como los sabores dulce, salado, amargo, ácido y umami.

De esta manera las nuevas tendencias gastronómicas, la cocina fusión, la cocina molecular, o como han definido en los últimos años como cocina tecnoemocional, tiene como objetivo elaborar platos que permitan crear emoción al comensal, a través de nuevas técnicas y tecnologías
para conseguir conceptos diferentes en la presentación de los alimentos; combinando texturas, sabores y aromas que estimulen todos los sentidos para satisfacer las exigencias del comensal y la del mismo cocinero.
Por otro lado, la inteligencia emocional en la gastronomía, influye en la creación de nuevos platillos espectaculares para atrapar a los clientes y, así mismo, incrementar los beneficios económicos que es el fin de la mayoría de los negocios de restauración.