Si bien es cierto que los cambios climáticos han existido en todas las etapas de evolución de nuestro planeta Tierra, los cuales se han producido por factores naturales intrínsecos u otros externos como los impactos de meteoritos, hoy en día se considera que los seres humanos estamos provocando y acelerando con nuestros procesos industriales y productivos el calentamiento global. Esta tendencia es analizada y observada desde mediados del siglo XX por la inyección a la atmósfera de gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono, metano y óxidos de nitrógeno. Todo ello pone en peligro nuestra seguridad alimentaria por efecto del comportamiento del clima global.

¿Pero que tiene que ver la cocina o un cocinero, tanto de un restaurante o de nuestro propio hogar, con el cambio climático?

Para responder a esta inquietud debemos considerar que la población mundial crece a un ritmo acelerado, de forma exponencial, la cual demanda cada vez más una mayor cantidad tanto de alimentos como de bienes de consumo en general.

Todo esto lleva a que sea necesaria la producción industrial de todo tipo de bienes, lo que ocasiona a su vez mayor demanda de materias primas para fabricarlos. Pero, en esa cadena de producción tan acelerada intervienen procesos que en definitiva, regulados o no por la ley, generan residuos tanto sólidos como gaseosos que interfieren en el reacomodo natural del clima global de nuestro planeta.

La industria alimenticia no escapa de esta tendencia, ya que la fabricación de productos terminados, empaques y hasta la misma cadena de distribución generan en muchas ocasiones impactos negativos como cualquier otro proceso industrial de otro bien. Como un ejemplo podemos destacar el uso de insecticidas o deforestaciones a gran escala sin reemplazo de áreas verdes naturales diferentes a la de los cultivos.

En consecuencia y en menor escala, los procesos de producción en un negocio gastronómico o en nuestro hogar, están alienados a los métodos que se han desarrollado e impuestos por la misma sociedad para elaborar a diario nuestros propios alimentos obtener beneficios económicos, como es el caso de un restaurante, el cual es su fin último comercial. En otras palabras, somos partícipes de ese desequilibrio productivo que afecta a nuestro planeta, al utilizar las fuentes de energía incorrectamente, al usar productos que no son biodegradables, por mencionar algunos.

¿Qué podemos hacer para disminuir el impacto de nuestras actividades gastronómicas sobre el cambio climático?

mujer viendo libro

  1. Ante todo debemos respetar y apoyar las iniciativas que promulguen leyes ambientales que van en beneficio de la colectividad, aún y cuando directa o indirectamente afecte nuestros intereses económicos o de un sector económico en particular.
  2. Inculcar un cambio en la filosofía de nuestras empresas y negocios para mitigar el impacto global sobre el ambiente y cambio climático.
  3. Optar por fuentes de energía más limpias, por ejemplo la solar y la eólica. A la vez que debemos utilizar conscientemente el uso de los electrodomésticos y/o máquinas industriales, los cuales deben ser de mayor eficiencia energética.
  4. Consumir productos que hayan sido cultivados, en lo posible, de forma orgánica, es decir, sin aditivos e insecticidas. De igual forma disminuir el consumo de carnes procesadas como embutidos, entre otros; lo cual desacelera la producción industrial de estos últimos.
  5. Usar productos de temporada originarios de nuestra localidad, así evitamos el transporte de otras zonas, lo que reduce el consumo de combustibles en los transportes utilizados para importarlos.
  6. Aprovechar y reaprovechar los alimentos que utilizamos y consumimos. Evitar el desperdicio.
  7. Consumir más productos crudos como ensaladas.

Tendríamos que convertirnos todos a una dieta vegana estricta para decir que consumiremos alimentos biológicos, silvestres u orgánicos que no hayan pasado por un proceso industrial, con el fin aliviar la carga sobre el ambiente; sin embargo, aunque convertirse al veganismo es una decisión personal, no es la idea general o el camino a seguir.

Cada persona, cada hogar, cada negocio gastronómico, o cada industria del sector alimentario, deben aportar soluciones o adherirse a las normas establecidas para disminuir el impacto ambiental que causan nuestros procesos de elaboración, producción y distribución de alimentos. Juntos podemos lograr esa meta para tener un mundo mejor.